miércoles, 13 de agosto de 2014

El guardapelo de las memorias felices

Siento que me siento obligada a escribir algo, a decir algo; cuando en realidad no quisiera pensar en el fallecimiento de mi madre nunca más. No porque ella no hubiese significado el universo completo para mi; todo lo contrario, aun es mi ejemplo de vida.

Pero me pongo a pensar lo tanto que ha sufrido mi hermano en silencio, mi abuela que llora a diario desde hace un año, mi tía que le regala los más bellos párrafos que sus capacidades cegados por el sentimiento pueden ofrecer, mi tío que cada vez que me mira prolongadamente decanta una lágrima; me extraña un poco que lo único que yo quiero es olvidar todo ese sufrimiento de una vez por todas, y cínicamente aceptar que murió hace un año y que no se puede hacer nada, no se pudo nunca y no se podrá jamás.

Recuerdo que lloré cuando me lo dijeron, fue un gran susto, como un garrotazo al centro de tu ser; pero luego entre en un shock; aunque dudo constantemente si en realidad fue un momento de negación, porque yo ya había interiorizado que mi madre se había ido y que nunca regresaría. Y lo hice en tiempo récord, en instantes, para poder olvidarlo lo más pronto posible. No sé por qué.

No lo entiendo: cómo es que aun estoy de pie, prácticamente como si no hubiese pasado nada, como si no hubiese cambiado; cuando antes he caído en terribles depresiones por cosas más insignificantes. Yo amo a mi madre con todo mi corazón.

No me malintenpreten cuando digo que quisiera "olvidarlo" todo como para pretender que nunca sucedió, y que mi madre nunca existió, o esconder mis entrañas destrozadas, no: yo a veces me siento triste, la recuerdo con mucha alegría, y lloro, pero a veces.

No me siento culpable de no sentir nada. Solo me parece curioso que a un año de su partida me sienta tan en paz. Es cierto que no parece un ambiente enlutado puesto que el ánimo en la familia se mantiene, pereciera que mi madre, como tenía costumbre, se hubiese ido a un largo viaje, a una jornada tan prolongada que jamás regresará.
Desearía que nunca le hubiese pasado esa cosa tan horrible que le pasó, ojalá aun estuviera con nosotros; pero no es así. Y al ver sus fotografías y recordarla no me siento triste; me hace sonreír, me da esperanzas y me llena de fuerzas.
Yo le dije a mi madre que la amaba y ella lo sabía, le di trabajo pero también la llené de orgullo, y eso yo lo sabía. Hablé con ella de muchas cosas, pero le di también mucho espacio, nos peleábamos por tonterías pero salíamos al cine o comer con regularidad. Hicimos cosas importantes juntas en las cuales necesitamos de apoyo mutuo, pero también salíamos a pasear sin razón alguna.

Yo amo a mi madre, y ella también me amó mucho. Claro que le quedaban muchas cosas por hacer en esta vida, y aunque nunca tendré la certeza de que se fue estando feliz, puedo decir con toda sinceridad que tuvo muchos momentos llenos de felicidad.

Creo que por eso yo con ella estoy en paz.

P.D.: Mi mamá le solía decir a todo el mundo que tenía unos hijos muy tranquilos, por cierto.