martes, 8 de marzo de 2016

Arruiné este blog...

Esta es la historia de cómo arruiné por completo este blog que he llevado por casi 8 años: Sé que este blog es un inconstante diario que varía - y desvaría- entre mil temas vagos e diferentes idiomas. Pero me gustaba revisar las entradas de vez en cuando como si fueran páginas en papel...

Pero ahora cuando revisé las entradas pasadas vi que a casi todas les faltan las fotos... y las fotos son parte esencial de la narración porque escribo sobre cosas en ellas.

Admito que es mi completa culpa que hayan desaparecido, porque ahora que lo recuerdo hace un año tuve un teléfono celular en el cual podía ver todas las fotos de este blog... por alguna razón se subían cuando sincronizaba mi cuenta de Gmail.

Un día decidí borrarlas porque no tenía mucho espacio. Asumo que fue ahí cuando accidentalmente las borré no solo del celular sino también de la nube, ¡para siempre!

Gracias, arruiné el esfuerzo de ocho años... no entiendo cómo pasó, nunca me lo imaginé. Con mi teléfono actual puedo borrar las fotos del los álbumes sin que desaparezcan de la nube.

En fin, es mi culpa. Este blog está desecho.

Un matrimonio de terceros y la certeza que de soy incapaz de sentir odio

Hace poco un amigo -que solía llamar mejor amigo; pero ahora es solo un "amigo"- me invitó a su boda nupcial y posterior recepción. He tomado la firme decisión de no asistir, de hecho, lo hice hace como un año cuando me asomó sus intenciones y no creo que sea algo de lo que me arrepienta... porque realmente hay muy pocas cosas en esta vida mía de las cuales me arrepiento - no sé si es una ventaja o un defecto, lo dejaré apara otro post-.

Quisiera aclarar que a pesar de que le tengo muchísimo cariño, aprecio, y admiración a este amigo en particular, desprecio enormemente al ser con el cual se va a casar. Para ser honesta esta mujer no me ha hecho nada malo directamente como para tomarlo como la excusa para mi completo y total desagrado. No ha hecho más que ser un odioso, irritante, repugnante, desagradable, maleducado ente que se alimenta del alma de los desafortunados. Y el sentimiento es mutuo, estoy segura de ello. Pero en su defensa yo tampoco soy una persona muy agradable,

Ella me da asco, es la verdad. Creo que es la persona menos adecuada para mi amigo, no es merecedora de él, ni siquiera creo que sea humana. Es un monstruo, es repugnante, es un súcubo que se sacó la lotería por encontrar un hombre asombrosamente inteligente, amable, caballeroso, ambicioso, apuesto; pero muy inocente y con serios problemas de autoestima -que van desde la sumisión maternal a un desarrollo a la adultez extraño y solitario- que decidiera casarse con ella.

La primera vez creía que tenía un ataque de celos; pero no, yo solo lo quiero como un gran amigo, hasta como un hermanito; luego pensé que practicaba una enferma sobreprotección porque suelo ser muy maternal; pero todo esto se desvaneció cuando solo decidí ignorar su relación. Yo no soy quién parecirle a otra persona con quién debe casarse; en especial cuando nadie me ha pedido mi opinión. Y me alejé de ellos, sobre todo de mi amigo; dejé de hablarle, de saludarlo, de invitarlo a tomar un café.

Creo que está cometiendo un error, a pesar de todas sus desilusiones amororsas pasadas, no debería casarse con la primera que le abre las piernas... pero no soy la voz de la conciencia en su mente. 

Aunque no lo crean: No odio a nadie

A pesar de que no asistiré a la celebración, busqué en mi clóset el atuendo que usaría si en realidad asistiera al compromiso. La verdad es que no tengo mucha ropa formal y solo logré a duras penas juntar dos conjuntos que podrían parecer adecuados para la ocasión. Tomé en cuenta que en vez de una boda asistiría al funeral de alguien acaudalado... y creo que con unos lentes oscuros y un peinado alto el ensamble estaría completo.


Discúlpenme el espejo salpicado

Mientras mataba el tiempo buscando combinaciones me puse a pensar por qué en verdad detesto tanto a esa mujer. Como dije antes no me ha hecho daño directamente, y si ha hablado mal de mi la verdad es que no me puede importar menos. No la odio, no me encuentro deseando que se quede calva o que le caigan las plagas de Egipto. Solo su existencia me da igual; pero sí me molesta su existencia cerca de mis conocidos. No estaría precisamente triste si se muriera... pero tampoco la mandaría a matar. ¿Me explico?

Entonces recordé algunas veces en las cuales amigos cercanos me han dicho que alguna de sus amistades no me soportan o en contraposición, creen que yo no los aguanto ver ni en pintura. En definitiva, mucha gente debe creer que soy una persona horrible y desagradable cuando en verdad, no lo soy.

Juro que no lo soy: Con certeza mi familia dirá que soy muy colaboradora y animada, mis amigos cercanos saben que los apoyo muchísimo, tengo buen sentido del humor y me gusta ayudar a los demás. Eso sí, admito que no soy cariñosa ni hago despliegues públicos de afecto.

Soy una persona muy seria, con mi respectiva resting bitch face, eso sí, que he llegado a acoger con mi personalidad. Confieso que no soy amigable en el sentido de querer ser el mejor amigo de alguien que cabo de conocer. Soy cordial, aprecio los buenos modales y los aplico; pero al final creo que mi frialdad resulta ofensivo a muchas personas.

Ejemplo gráfico del resting bitch face

Veredicto: No me interesa

No tengo muchos amigos, soy una persona solitaria, muy familiar y dura de roer, por eso no ganaré precisamente la corona de miss simpatía. Mas debo dejar en claro que a pesar de lo hostil que pueda parecer, estoy en contra de odiar a los demás y por eso no lo practico.

No los odio... -poniendo a parte a esta mujer que repugno- solo ignoro al resto porque la verdad me importa muy poco específicamente lo que cada uno haga con su vida.

Finalmente, creo que esta boda es una de esas injusticias que ocurren en la vida y que uno no tiene el menor control sobre ellas. Este hecho en un hoyo negro hacia el desastre, a pesar de esto ojalá esté equivocada y solo resulte ser una persona amargada que juzgó mal las circunstancias.

domingo, 7 de febrero de 2016

Derrota en la batalla Pilar

Ahora tengo 27 años, y he meditado arduamente -si es que tal cosa es posible- sobre sentirme como una adulta; porque sinceramente pensaba que al terminar la transición, en la cual la niñez se acaba, me "sentiría como una adulta". Pero aun no encuentro ese estado; ni sé dónde buscar.

En esta edad de la fresca adultez, el transcurso de las últimas semanas ha sido la trinchera de una lucha escondida, una batalla que ahora puedo ver claramente y que ha sido parte de un guerra interna a lo largo de mi vida. Ahora puedo contar mis derrotas.

Hace cinco años tuve que someterme a una cirugía mayor. Un día había llegado del trabajo, habré hecho algún esfuerzo extraordinario que no recuerdo; pero lo que siempre quedará muy presente en mis memorias es el dolor. Tuve tres hernias discales en mi columna vertebral que tuvieron que extirpar. En su lugar colocaron prótesis. Me recuperé muy bien y bastante rápido, tenía a mi madre en ese entonces para apoyarme, Durante el siguiente año me dediqué plenamente a mi recuperación. Hice muchísimo ejercicio, apliqué una dieta estricta e hice severas sesiones de terapia. Llevé este enorme cuerpo de 1.80 metros de altura a un peso de 92 kilos, nunca había estado tan delgada en mi vida.
Sala de espera
 Estaba convencida de que había dejado todo este episodio atrás; y lo único que me quedaba como penoso recuerdo era una larga cicatriz en mi espalda y una punzada casual en mi muslo derecho.

Detesté el proceso más que la cirugía, las consultas, los papeleos con el seguro médico, los presupuestos, los exámenes pre operatorios, los medicamentos, las salas de espera. La verdad es que nunca pensé que este obstáculo en mi vida fuese una derrota, No me sentí vencida, tenía mucha energía, era joven, tenía toda mi vida por delante, cambiaría todo y estaría bien.

Dos años después tuve que ingresar nuevamente a un quirófano. Esta vez tenía cálculos en la vesícula biliar. De nuevo el dolor que inmoviliza, los exámenes, las salas de espera. Otra vez me recuperé rápidamente. Las cicatrices no me importaban.

Me descuidé, por muchas razones me refugié en la comida, en el trabajo, en la soledad. Los últimos meses los pasé con mi familia, había renunciado a mi trabajo, quería descansar un poco, gasté todos mis ahorros en arreglar en mi algunas cosas que había desatendido como mis dientes, mi cabello, consentir a mi familia. Me acerqué mucho a mis tíos y primos, y tuvimos unas fiestas navideñas muy divertidas.

Mi prima estudiante de odontología es mi dentista

El nuevo año había comenzado, tenía pensado continuar con mi carrera cuando de repente mi columna tronó, y experimenté el dolor más fuerte que jamás sufrí. Estuve en cama varios días. Por primera vez pensé que estaba derrotada... tenía una firme sensación de que había perdido.

Entonces me di cuenta de que mi vida siempre ha sido una guerra: Cuando era una adolescente trabajé arduamente para conciliar el hecho de que me veía muy diferente al resto de las chicas. No recuerdo haber tenido algún desaliento porque mi infancia fue muy feliz, y ahora sé que esta lucha pudo haber pasado desapercibida porque fue de aliento, todos los días un poco, durante muchos años. Digo con certeza que esta batalla sí la gané.

Sin embargo durante mis años en la universidad enfrenté una severa depresión, explotó con una tortuosa crisis de personalidad que no supe cómo encarar. Tenía algunas dificultades que no acepté como normales, estaba confundida, me exigía mucho, estaba cansada. Todo revolucionó violentamente en una profunda tristeza que me paralizó. Esta fue mi primera gran derrota, mi mente fue mi enemiga, y perdí como nunca antes.

Hace casi tres años perdí a mi madre; pero puedo decir que salí completa de esta batalla, con muchas heridas mas no completamente victoriosa.

A pesar de algunos demonios internos, mi imagen, mi tamaño, mi peso no consistieron en un rival hostil; todo lo contrario, lo que la gente y la sociedad pueden retratar como defectos eran mis grandes virtudes, los hice base de mi personalidad. Hice las pases con mi aspecto, estaba en paz con los números en la báscula.

Hernia discal entre L2 y L3 

Ahora, las propias bases de mi personalidad se volvieron en mi contra, me amenazan gravemente. Nuevamente afectan mi salud, y no puedo sentir más que una estrepitosa derrota. Tuve un espeluznante episodio de desesperanza alimentado con las brasas del dolor. Ya no estoy tan triste, trato de mantenerme de buen ánimo y ocupada en distracciones artísticas; todavía estoy algo desmotivada y con la sólida noción de fracaso.

Tengo miedo, no como una niña. Como adulta siento miedo ante el fracaso.