domingo, 28 de junio de 2015

The Mean Reds

En la aclamada novela de Truman Capote, Breakfast at Tiffany's, la singular heroína determina con un cierto nombre curioso un tipo de "sentimiento", uno de los más inplacables: The mean reds... los días rojos, como se ha traducido; pero yo los llamo mejor los infames rojos.

Holly Golightly: You know those days when you get the mean reds?
 Paul Varjak: The mean reds. You mean like the blues?
 Holly Golightly: No. The blues are because you're getting fat, and maybe it's been raining too long. You're just sad, that's all. The mean reds are horrible. Suddenly you're afraid, and you don't know what you're afraid of. Do you ever get that feeling?

Se me ha esclarecido poco a poco que todos hemos tenido nuestros momentos con los infames rojos. Cada encuentro es muy personal, me parece; pero explicaré lo que los infames rojos me hacen a mi.

Los infames rojos aparecen cuando son las 3 de la mañana y tras dar vueltas y vueltas en tu cama las sábanas se han vuelto muy cálidas como para poder dormir. Los infames rojos hacen que te encierres en el baño a media noche a mirarte fijamente en el espejo hasta que ves las lágrimas salir de tus ojos, rodear tu nariz y caer dentro de tu boca.

Los infames rojos empujan nuestra cara contra las almohadas y hacen que gritemos fuerte. Queremos que toda la angustia salga violentamente con el ruido, que se descargue la cabeza y el corazón con un fuerte lamento; pero el aullido se pierde mudo entre el algodón, las fundas, las sábanas y rebotan en las paredes oscuras de la auto reclusión.

Los infames rojos llenan tus papeleras con paquetes vacíos de comida, hacen que abras la nevera cien veces en una noche, hacen que se te olvide beber agua, y te dan ganas de comer mucha azúcar.

Escuchas mil veces la misma canción triste, y los infames rojos hacen que llores desconsolada en el piso helado, en la esquina apartada.

Los infames rojos hacen que mires el techo muy seguido, estires el cuello, abras los ojos, blanquees tu mente, y mires... y mires... y mires... sin reaccionar, sin concentrarte; oh, no, los infames rojos no quieren que te concentres.

Poder enfocarte de nuevo sería la perdición de los infames rojos; su muerte progresiva... porque cuando comienzas a interesarte por la vida de nuevo, puedes volver a retomar un libro en la página olvidada, puedes hablar con tu familia, te acuerdas te tus amigos, y ya no te importa tanto tener que ir al trabajo; significa que los infames rojos se están desvaneciendo.

Tengo la esperanza que este interés por escribir algunas palabras necias sea un indicio de que los infames rojos se están resignando a abandonarme.


domingo, 14 de junio de 2015

He decidido reflexionar

Hoy me he dado cuenta que debo reflexionar. He llegado a un momento en el sendero de mi vida en el cual miro hacia atrás y siento melancolía por mi "yo" más joven. No precisamente por ser más joven, por vivir momentos más felices, ni por tener mejor piel y cabello; sino porque cuando era adolescente me tomaba mucho tiempo para pensar las cosas.

No me tomaba tiempo pensar las cosas, no; sino que usaba mucho más tiempo para pensar, y en definitiva sacar ciertas conclusiones sobre mi vida, el pasado, el futuro, el presente, el mundo...
Ahora tengo una motivación adormecida y un desinterés generalizado que me ha condenado a la vida adulta y poco  glamorosa (desde el sentido de ser excéntrica) donde el trabajo es el centro de mi vida.

Así que he decidido cambiar... y comenzar a reflexionar.

Aunque no he dicho ni cómo ni cuándo.

Necesito beber más agua... sí se te olvida tomarla, ¿quién lo hubiese creído?